Con enfermos de drepanocitosis en Kisenso

Por Cristian Arroyo

Mademosielle Giselle, enfermera del CEFA, me dio la oportunidad de ir con la expedición de voluntarios al periférico barrio de Kisenso, uno de los 24 que conforman la ciudad de Kinsasha, a ofrecer asistencia médica a niños enfermos de drepanocitosis.
Tras una auténtica aventura por las arenosas calles de Kinsasha, llegamos a una pequeña casa de Kisenso, que, durante el día de hoy, sería nuestra improvisada consulta. El grupo sanitario lo conformaban la enfermera Giselle y el doctor Thierry,  con el que formé rápidamente equipo y nos pusimos manos a la obra. Divididos en dos cuartos, Giselle se encargaba de administrar algunas vacunas y medicamentos a los paciente que nosotros íbamos viendo.

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El día se alargó durante más de 5 horas de consulta, atendiendo a los diversos problemas que sufren los niños de la zona con drepanocitosis, una enfermedad genética que afecta a los glóbulos rojos sanguíneos y les causa tremendas crisis de dolor, así como fiebre, adenopatías múltiples y un agrandamiento del hígado y del bazo.

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Desde un punto de vista más personal, he de decir que la jornada me pareció interesantísima,  no sólo porque el Dr. Thierry y yo pudimos ver niños con múltiples patologías propias de la zona, como larva migrans o malaria, sino porque poder vivir está experiencia de auténtica medicina es, sin duda, algo que nos debería hacer valorar profundamente las facilidades clínicas que tenemos en el mundo occidental, y como con un simple fonendoscopio, los 5 sentidos alerta y una permanente sonrisa en los labios, se puede hacer una medicina de verdad en el corazón de África.

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48 horas en Monkole

Comenzamos nuestra aventura con grandes incógnitas. Muchas veces leemos y vemos cosas sobre el día a día en Kinshasa, pero nada más aterrizar en el aeropuerto nos dimos cuenta de que todo aquello que nos habían contado era inimaginable.
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El primer día en la capital de la República Democrática del Congo fue una lluvia de sensaciones. A primera hora fuimos a un orfanato en Kimbondo, donde vivían 800 niños con diferentes problemas. Todo comenzó con una misa en Lingala, de la cual no entendimos casi nada, pero descubrimos los sentimientos que corren entre los cientos de niños y personas que acudieron a misa. A continuación, fuimos a la zona de guardería donde nos esperaba la avalancha de niños que se nos echaron encima con ganas de recibir cariño, abrazos y caricias. Fue el momento en el que descubrimos el valor de la felicidad, tan impresionante que aprovechamos para tomar unas instantáneas intentando así capturar la alegría que desprendían los niños.
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Al día siguiente, fuimos a conocer cuál es la esencia de nuestro trabajo en España por el Hospital Monkole. Fuimos a ver a Benny que gracias a nuestra ayuda se ha curado de Raquitismo en este año; incluso fuimos a ver a Malachis, un niño que el próximo año intentaremos operar de las piernas. Con estas visitas te das cuenta de la importancia que tiene estar trabajando para conseguir financiación para operar a estos niños, porque sin duda, al ver como un niño puede jugar al fútbol como el resto de sus amigos, te das cuenta de que con toda nuestra ayuda hemos cambiado la vida a miles de personas que no tenían esas posibilidades.

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Según como caía el día nos fuimos a ayudar al hospital en tareas de ordenar folletos de formación para pacientes, mientras otro grupo de los nuestros ordenaban las fotos y traducían los vídeos que despiertan en España una ilusión de ayudar por cambiar vidas como la de Benny.

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Monkole 2018: otra aventura

Un año más repetimos la aventura congoleña, y aprovechamos para ver como ha progresado Monkole y nuestros proyectos. os iremos contando en estos días, pero voy a empezar por presentaros al equipo de este año.

Manuel López Medel, de Madrid

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Tengo 18 años, y el año que viene voy a empezar derecho en la Autónoma. No soy muy deportista pero sin duda me gusta jugar a sacar una sonrisa a la gente. Un día decidí, a pesar de los miedos que suponía esta aventura, viajar a Kinshasa para descubrir lo que verdaderamente significa ser feliz. Muchas veces no nos damos cuenta de la gran cantidad de cosas que tenemos, pero ¿somos realmente felices?. Por eso decidí salir de mi zona de confort y ver en primera persona que significa realmente la felicidad. ¡Vamos allá!

Javier García Calleja, de Madrid (con la camiseta de amigos de Monkole)

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Tengo 18 años, y voy estudiar ADE en Madrid. Soy una persona alegre y curiosa, con ganas de conocer sitios y culturas diferentes a la mía. Me encanta viajar por que pienso que es la mejor forma de combatir el racismo. Me apasiona la naturaleza y la fotografía así como la pesca. Tengo un blog de fotografía donde voy publicando mis pequeñas creaciones.

Christian Lokwa, de Kinshasa

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Tengo 18 años, y les ayudo con las traducciones: lingala, francés, inglés… Estudio 2º de bachillerato, me gusta el boxeo, y quiero estudiar informática en la universidad.

Enrique Barrio García (a la derecha)

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Biologo, trabajo en el colegio Tajamar, y es la séptima vez que vengo al hospital de Monkole, en Kinshasa. Me gusta el monte y siempre estoy haciendo el Camino de Santiago. Sueño cada año con repetir esta aventura, y seguir consiguiendo sonrisas en la caras de niños que las han perdido por enfermedades u otras causas. Si quieres ayudar, te esperamos en la Fundación Amigos de Monkole

Juan Manuel Segovia Hernández, de Madrid

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Tengo 17 años y soy el primero de ocho hermanos. Este año empiezo Magisterio de Primaria en la Complutense. Me gusta mucho el deporte aunque lo práctico menos de lo que querría: nadar, el monte, jugar con mis hermanos y trabajar en la parcela. Me cuesta mucho emocionarme, aunque Monkole esta vez me ha ganado: tengo ilusión por conocer todo lo relacionado con Monkole para seguir ayudando en estos próximos años con más energía.

Cristian Arroyo del Val, de Madrid

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Empiezo el año que viene 4º de medicina,. Soy un apasionado de la guitarra y de la música. Me hace mucha conocer de cerca Monkole, tras tantos años oyendo hablar del hospital. Espero poder aprender mucho de los médicos del hospital

Dioko, una historia con final feliz

Hace un año, cuando estábamos en Kinkwemi descubrimos a Dioko: un niño de unos 4 años que tenía pie zambo, como ves en estas fotos:

Dioko iba con su hermana hacia sua casa, a unos 500 metros de Kinkwemi. Les paramos, con un poco de susto para ellos, e intentamos explicarles que en Monkole podíamos curarle. Al rato vinieron sus padres; se veía que era una de las familias más pobres y humildes de la zona. Le volvimos a explicar que podíamos curar a su hijo en el hospital. Me sorprendieron dos cosas:

1º No sabían que el pie zambo de su hijo se podía curar, y cuando se enteraron, se emocionaron.

2º Estaban dispuestos a venirse con nosotros para empezar el proceso en el hospital.

Desde Amigos de Monkole nos empeñamos desde ese momento en curar a Dioko: no era fácil, pues su casa está a 30km del hospital, la familia no tiene ningún medio de transporte, no tenían teléfono…. pero con la buena voluntad de mucha gente, y tras empeñarnos un poco más, se consiguió.

Primero se le curó de alguna otra enfermedad intestinal que tenía, y posteriormente se le operó su pie.

Aquí te dejo un vídeo de este final feliz:

Este verano, pronto, volveremos a verle y esta vez podremos jugar al fútbol con él y regalarle el balón

¿Y cómo lo celebrarán en Kinkwemi?

Llega el fin del año y todo son fiestas, “sansilvestres”, alegría más o menos profundas, buenos deseos…

A mi a la cabeza me vienen mi amigos de Kinkwemi, esa aldea perdida a 30km de Kinshasa donde siempre me tratan tan bien. ¿Como lo celebraran? Sé que no habrá pavo, ni cordero… quizá ni siquiera una comida especial, pero lo que seguro que no falta es alegría sana, de la de verdad, y unas familias que se quieren con locura… ¡cuánto daría por estar allí estos días!

Os dejo dos cosas: el propósito de escribir más en este blog, y este último vídeo que cuanta la historia increible de Benôit, otro pequeño milagro de los amigos de Monkole

10 kilómetros de distancia en vertical

Hace unos días estuve en Kinkwemi, un lugar perdido a 30 km de Kinshasa, donde he ido ya 4 veces en los últimos 4 años.

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Un día cualquiera, a las 6:30 de la mañana, desayunando mandioca

 

Es difícil explicar como viven allí: casas de 12 metros cuadrados para familias de 8 personas, sin letrinas, cocinando en la calle y con niños con barriguita por falta de proteínas en su dieta.

 El último día que estuve allí repartimos 25 kilos de arroz y 50 latas de sardinas entre las pocas familias de la aldea. Nos lo agradecieron mucho.

Pocos días después me fui del Congo. Cogía un avión a las 22 horas, y nada más salir nos dieron de cenar: una cazuela abundante de pollo con arroz, pan, un postre rico, una tartaleta de verduras… pensé que quizá en ese momento estábamos encima de Kinkwemi, 10000 metros más arriba. Somos capaces de dar de comer bastante bien a 200 personas a más de 10000 metros de altura, y al mismo tiempo, hacer como que no nos damos cuenta de que unos pocos metros más abajo la gente padece malnutrición, y mucho niños mueren por ello (varias veces les he enseñado fotos de año anterior y me han dicho de algún niño que había muerto).

Espero que esto al menos ayude a alguien a reflexionar

Os dejo un vídeo que resume un poco como viven este poblado

Monkole este verano

Este verano estuve de nuevo en Monkole por quinto año y pude comprobar los pasos que vamos dando en nuestros proyecto. Os pongo unas fotos que podréis comparar con las de hace unos años.

Hemos visto a muchos de los niños que hemos curado con el dinero recaudado este año, que han sido más de 40000€. En Monkole están muy agradecidos y ya cuentan con nosotros para curar a muchos niños más.

Gracias al Atlético de Madrid

Siempre es muy de agradecer que los grandes équipos de fútbol se acuerden de las personas más necesitadas. Desde Amigos de Monkole queremos agradecer, con este vídeo, al Atlético de Madrid y a su fundación, las equipaciones que nos donó este verano y que hicieron las delicias de varias decenas de niños.

GRACIAS

Otra vez con Milka: ya perfectamente curada

Hace dos años estuvimos con Milka cuando sólo tenía 6 meses y había estado toda su vida dependiendo de una bolsa para sus necesidades más vitales. Entonces decidimos ayudar económicamente a su familia para que pudiera ser operada en Monkole.

Este año hemos vuelto a estar con ella, ya con sus dos años y medio, se la ve en perfecto estado, como una  niña normal, que juega con sus hermanas y con nosotros. Gran alegría… todo está saliendo muy bien

Dejo abajo el vídeo que hicimos el año pasado.

 

Monkole quiere liderar una nueva forma de hacer medicina en África

El Centro Hospitalario Monkole instalado en Kinshasa, República Democrática del Congo, dispone de 120 camas y 3 quirófanos y tiene como objetivo liderar una nueva forma de hacer medicina en El Congo y en los países vecinos.
Monkole es el primer hospital de Kinshasa que, entre sus servicios, suministra comida a sus pacientes y les entrega ropa limpia para las camas y el aseo personal. Muchos otros hospitales han imitado estas mejoras de Monkole y ésta es la línea que se quiere seguir.
Por ejemplo es uno de los dos hospitales en los que se puede donar sangre y uno de los pocos hospitales que tiene un asistente social que facilita el acceso a la sanidad a las familias sin recursos.
Además mantiene tres dispensarios, en Moluka, Eliba y Kimbondo, en zonas muy pobladas de la periferia donde los habitantes tienen dificultad para acceder a cuidados sanitarios de calidad a precios asequibles, en muchas ocasiones totalmente gratuitos.
Las enfermedades más frecuentes son el raquitismo, pie zambo, la malaria, drepanocitosis e infecciones varias. Asani (en la imagen) fue operada de raquitismo para corregir sus piernas curvadas.
Monkole atiende las 24 horas del día atendiendo consultas de ginecología y obstetricia, cirugía, medicina interna y pediatría. Puede hospitalizar hasta 158 pacientes.Además, para hacer llegar la sanidad a otras zonas, los médicos atienden dos veces por semanas las tres sedes situadas en barriadas periféricas, lejos del hospital.
De Monkole dependen también una escuela de enfermeras (ISSI, InstitutSupérieur en SciencesInfirmières) y un centro de formación continua para médicos (CEFA, Centre de Formation et d’AppuiSanitair).
Para la instrucción del personal, Monkole ofrece cursos de formación a médicos y enfermeras de Kinshasa.Se atienden más de 100.000 consultas al año siendo la tasa de ocupación hospitalaria del 90,1%. Se ofrece trabajo a más de 200 personas.
En la actualidad se organizan actividades de prevención y de educación sobre el VIH/sida, el paludismo y la tuberculosis, tres enfermedades que pesan gravemente sobre la esperanza de vida de sus habitantes.También se desarrollan programas de nutrición de niños en los tres dispensarios de Monkole, donde la malnutrición afecta al 15% de sus aborígenes.En 1991 se comenzó con una consulta sanitaria, que con los años, se ha transformado en uno de los mejores hospitales de Kinshasa, gracias a las aportaciones que se reciben. Se necesita tu ayuda. Puedes colaborar enviando tu donativo a la cuenta “Amigos de Monkole”: ES97-2100-5263-11-2200049289.

Clemente Ferrer